SIGUE CANTANDO

 

 

 

  

 

 

Los pronósticos científicos confirmaban que la niña recién nacida pronto moriría, día a día su vida parecía apagarse. En el lugar donde se encontraba, terapia intensiva del Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee, prohibían la entrada de niños menores de edad; sin embargo, todos los días su hermanito, Michael, de tres años, les rogaba a sus padres que lo llevaran a ver a su hermanita.

 

Por nueve meses él le había hablado y cantado en el vientre de mamá y había esperado su nacimiento con impaciencia, ahora quería conocerla y cantarle.

 

Sus padres querían evitarle el dolor de verla, para luego perderla; pero el niño insistió. Al quinto día, la madre llena de determinación y convicción, llevó a su hijo a conocer a su hermana.

 

Convenciendo a la enfermera de guardia, pasó a Michael a verla; consciente de que podría ser la única vez que él vería a su hermana. Al pasar y ver a la bebé, llena de tubos y máquinas, perdiendo la batalla de la vida, el niño le dijo a su mamá:

 

-Quiero cantarle, la canción que siempre le canto «Tú eres mi sol».

 

La jefa de enfermeras, de repente, vio al niño, y vino hacia ellos molesta.

 

-La entrada de menores a terapia intensiva está prohibida, -dijo.

 

-No se irá hasta no cantarle a su hermanita -dijo la mamá de Michael enfáticamente, y levantó a Michael hacia la bebé.

 

-Cántale hijo -dijo.

 

-«Eres mi luz del sol, mi única luz, tu me haces feliz cuando el cielo está gris».

 

Instantáneamente, la bebé parecía responder a la voz de Michael y su pulso se empezó a normalizar.

 

-¡Sigue cantando, Michael!, -le rogaba su mamá, llorando.

  

Michael seguía «Tú no sabrás nunca, querida, cuánto te amo, por favor no te lleves mi luz del sol».

 

La bebé se empezó a mover y su respiración se volvió suave y uniforme.

 

Michael seguía:

 

-«La otra noche, querida, cuando dormía, soñé que te abrazaba en mis brazos».

 

La bebé se seguía relajando y dormía a la voz de su hermano.

 

-Sigue cantando. Ahora era la enfermera jefe que se lo pedía a Michael, con lágrimas en sus ojos.

 

«Tú eres mi luz del sol, mi única luz del sol, por favor no te lleves mi sol».

 

Al día siguiente, el mismo día siguiente, la bebé estaba en perfectas condiciones para regresar a casa.  

 

Women´s Day Magazine

 

 

 

 

La simple idea de estar rodeado de personas que correspondan a nuestro afecto, que compartan los mismos sueños, intereses, exista plena confianza y respeto y sea una relación constructiva, es algo que en muchos momentos de nuestra vida deseamos. ¿Se puede estar rodeado siempre de personas positivas para nosotros?

 

Tú puedes convertirte en un imán de relaciones positivas, lo único que tienes que hacer es concentrarte en lo que es tu naturaleza, es decir, analizar cuales son tus características esenciales, internas, concentrarte en ellas, y pídele a Dios que te ayude a establecer encuentros con personas que tengan esta misma naturaleza, con el fin de complementarse y retroalimentarse en el aprendizaje de nuevas experiencias. 

Nuestras necesidades y cualidades especiales al estar como prioridad en nuestra mente, se convierten en un imán para atraer a personas que nos ayuden a superar algún problema. Por ejemplo, si padeces de alguna enfermedad, este problema estará siempre presente en tu mente de manera consciente e inconsciente buscando una solución a su curación.

 

Te darás cuenta que a tu encuentro vendrán algunas personas que sufran de lo mismo, te cuenten su experiencia, y te den la solución de alivio.

 

Cuando nos sentimos heridos, muchas veces tomamos la decisión de cerrar nuestro corazón a nuevas relaciones y afectos, tememos ser lastimados otra vez, y pensamos que si nos mantenemos al margen y no nos involucramos emocionalmente con nadie, sean relaciones de pareja o de amistad, con esto estamos evitando el dolor.

 

Esta reacción es totalmente normal en el ser humano, todos alguna vez hemos pensado y actuado de esta manera, sólo que esto lejos de evitar el sufrimiento lo incrementa. Al no darnos a las personas, al no abrirles nuestro corazón, estamos actuando como un escudo para el amor, lo estamos rechazando y nos estamos negando la posibilidad de encontrar gente que corresponda a nuestros mismos sentimientos. Nos estamos negando el derecho del amor. 

 

Si concentramos nuestros pensamientos en el daño que nos han hecho, esto también actuará como imán, y atraerá a personas que nos dañen nuevamente.

   

Dentro de todas las relaciones, existe un propósito en común, algo que aprender juntos. Cuando nos casamos o cuando vivimos con alguien, la mayoría de las veces no nos damos cuenta que dentro de esa relación hay algo de fondo que aprender juntos y si descubrimos esto, estaremos alargando el amor en nuestra relación.

 

Tal vez el propósito en común de todos es aprender la paciencia, el trabajo en equipo, la habilidad de solución de problemas, en fin, el equipo de trabajo, sin darse cuenta, está cumpliendo con un mismo propósito.

 

Siempre tenemos un propósito en común con la gente que nos rodea. Nuestros amigos y demás relaciones, durarán con nosotros el tiempo en el que hayamos desarrollado y aprendido uno del otro. Una vez hecho esto, cada uno seguirá su camino en busca de diferentes experiencias.

 

Fernando Latouche

 

 

Cuando se ama no se conocen barreras, no se conocen limitaciones, no se conocen imposibles. El amor todo lo puede, no busca lo suyo, no guarda rencor, no se irrita, ni se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad, todo lo cree y todo lo puede. El amor vence rivalidades, construye vidas, apalanca destinos, hace crecer la fe, la confianza y la seguridad. Al accionarla deja cosechas que tarde o temprano nos volverán a alimentar con ese amor mismo que sembramos. El amor se multiplica y transforma los corazones. El amor vence la rebelión, disipa la duda, apacigua la llama de la ira, levanta a los humildes, construye puentes, desafía lo imposible volviéndolo posible. El que ama y no es correspondido, lo será, porque ha aprendido a dar. Pero el que no ama, ha perdido la esencia de la vida y ha dejado de vivir. El amor deja a un lado los intereses particulares para buscar los intereses comunes, el amor no teme perder, porque en su naturaleza está ganar-ganar. Mayor que la ciencia es el amor, y la ciencia sin amor no tiene sentido.

 

Alison Salas

  

 

El amor es nuestro estado de ser natural. Una vez que nos permitimos experimentar y soltar nuestros sentimientos primarios y secundarios, limpiamos nuestro Yo emocional. Cuando nuestro ser emocional se limpia, nuestro estado de amor natural reaparece, trayendo con él alegría, éxtasis, serenidad y otras emociones que intensifican nuestra vida. Elije el momento oportuno para cambiar de la cabeza al corazón. Nuestra recompensa será la paz y el amor.

 

Lia Holtzman

 

 

Si has de amarme que sea solamente por amor de mi amor. No digas nunca que es por mi aspecto, mi sonrisa, el modo de hablar o por un rasgo de carácter que concuerda contigo o que aquel día hizo que nos sintiéramos felices. Porque, amor mío, todas estas cosas pueden cambiar, y hasta el amor se muere. No me quieras tampoco por las lágrimas que compasivo enjugas en mi rostro, ¡Porque puedo olvidarme de llorar

gracias a ti, y así perder tu amor! Por amor de mi amor quiero que me ames, para que dure amor eternamente.

 

Elizabeth Barrett Browning

 

 

Robert Browning, cuya vida con Elizabeth Barrett Browning fue quizá una de las más idílicas, siempre tenía tiempo para mantener vivo el amor con pequeños tributos y atenciones. Trataba a su esposa, inválida, con tanta consideración, que una vez escribió ella a sus hermanas:

-Y ahora comienzo, naturalmente, a preguntarme si no seré una especie de ángel, al fin y al cabo.

 

Dale Carnegie

 

 

El buen éxito en el casamiento no depende sólo de encontrar la persona debida, también ser la persona debida.

 

Leland Foster Wood

 

 

El hombre más feliz es el que hace la felicidad del mayor número de sus semejantes.

 

Denis Diderot

 

 

Quien vive mucho tiempo en presencia de un ideal, al menos se acaba pareciendo a él.

 

Nathaniel Hawthorne

 

 

Vive, ama, aprende. Deja un legado.

 

Stephen Covey

 

 

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