SÉ UNO SOLO COMO UN MANIQUÍ

 

 

 

 

 

 

Sé uno solo como un maniquí: la entrevista provechosa.

 

Paseando un día por la calle recordé que tenía que asistir a una entrevista «muy importante», y me habían recomendado que no mintiera, ya que si lo hacía me descubrirían en el instante. ¡Oh Dios, qué voy a hacer!

 

Muchos sabemos que no somos mentirosos profesionales, pero ambos sabemos que una mentira y una verdad siempre van de la mano y que es bueno para lograr cosas. A veces hay que soltar una mentirilla y que cuando lo hacemos nuestro cuerpo reacciona de otra manera diferente, que cuando decimos la verdad.

 

Bueno, era hora de repasar:

 

 

Bueno, yo creo que encontré todas las respuestas a ello de la siguiente forma en la calle. Me dirigí a una esquina de la ciudad y en cierta calle me encuentro con un compañero que para este mensaje llamaré «La lluvia»; ustedes dirán ¿por qué «la lluvia»?. Bueno, muy fácil, la lluvia es algo que:

 

 

Este es el caso de mi compañero:

 

Interesante verdad, bueno, así es mi compañero «Lluvia», él siempre les miente y ellas lo saben, y yo lo sé. Pero bueno, qué se hace, yo quería saber porqué no le creían así que le dije que la próxima vez que fuese por una chica me llevara para estar cerca y aprender de su talento.

 

Me senté en una mesa cercana donde podía escuchar su conversación y ver cómo se comunicaba y también cómo eran sus expresiones.

 

Bueno, la chica llegó tarde, pero creo que valía la pena la espera ya que era muy bonita. La máquina de las mentiras, mi amigo «Lluvia», prendió sus motores y empezó a bombardearla con sus mentiras.

 

Listo, yo sabía qué era mentira y qué era verdad ya que yo lo conocía, y su gran error era que tenía una buena dicción pero su cuerpo se movía demasiado cuando le hacían preguntas, parpadeaba mucho, se movía demasiado, no se estaba tranquilo.

 

Cuando decía la verdad se dejaba afectar por las instalaciones, el aire acondicionado estaba muy frío, hacía que se frotase mucho su brazo, las sillas eran de plástico muy duro y se movía mucho pero bueno, creo que en ese momento se le entumeció el trasero.

 

Debido a todos sus movimientos y su falta de concentración en su receptor, hacían que su mensaje no llegara. Así es que al final me retiré habiendo obtenido un curso con postgrado incluido de mi compañero «Lluvia».

 

Excelente, ya sabía que si me dejaba afectar mucho por el ambiente o por mi cuerpo, hacía muchos movimientos, me iba a perjudicar ya que si dijera mentira o verdad mi cuerpo no debería hablar. Pero ¿dónde iba a encontrar a alguien que estando quieto casi inmóvil o inmóvil totalmente transmitiera verdades o mentiras y que fueran creíbles?

 

Me cansé de buscar hasta que pasé por una tienda, era ya de noche y la vi, era hermosa, era pálida, un poco tiesa, muy tiesa diría yo, sí, era un maniquí. Tenía una sonrisa que concordaba con su vestimenta, estaba ahí parada firme, me veía a los ojos sin distraer su mirada de mí y juraría que si le hacía preguntas, todas las respuestas serían creíbles, claro, si hablara.

 

En una entrevista, hay dos factores muy importantes, nuestro cuerpo, movimientos que apoyan lo que decimos y nuestras mentiras y verdades afectan en él, así que cuidado con el equilibrio, para ser uno solo con nuestro cuerpo, hay que ser un equipo.

 

En otro orden de cosas, mi amigo Hans dice:

 

-Apaga el sonido y observa luego.

 

Era un día lluvioso, me encontraba en mi casa viendo la televisión. Estaba viendo un programa donde le hacían una entrevista a un personaje importante del medio televisivo.

 

Este reportero era impresionante, ya que entrevistando al actor, parece que supiera todo sobre él y siempre le hacía las preguntas correctas, era impresionante de verdad, en ese instante en el que veía el programa, me llamó mi amigo Hans, diciéndome que viera la entrevista que ya estaba observando para hacerme comentarios sobre la película que había protagonizado ese actor, y le dije:

 

-Oye, ya va, estás viendo al reportero televisivo, lo sabe todo, sabe siempre hacer las preguntas correctas y todo.

 

-¿Qué?, no vale, yo me di cuenta de porqué todo lo que pregunta en sus programas era lo que más interesaba, es sencillo, bájale el volumen al aparato; termina de ver la entrevista y luego me llamas

 

-Ok, lo voy a hacer y te digo.

 

En ese instante le bajé el volumen al aparato y empecé a ver cómo el reportero hacía las preguntas y todas eran acertadas. Este reportero se limitaba a ver más las expresiones de su entrevistado, a ver sus movimientos de cabeza, sus miradas, que yo sólo pude ver cuando le bajé el volumen al equipo, ya que dejaron de entretenerme las voces e historias y me encontré  con una pantalla llena de expresiones, movimientos que me decían todo sobre el personaje.

 

Cuando estaba a gusto o disgusto con las preguntas, lo decía todo con sus miradas, cuando cruzaba sus brazos, entre otros movimientos. Gracias a ti Hans por tu enseñanza...

 

Con nuestras expresiones podemos transmitir más de una verdad, que con nuestra voz.

 

Veamos esta historia basada en el sentido equino de Hans.

 

Si no eres un genio, deja que las expresiones de tu compañero/a de charla te ayude a serlo y la gente verá que lo sabes todo, así como lo hizo un caballo llamado Hans, quien era nombrado un caballo genio ya que lo sabía todo, desde sumar, restar, dividir e incluso sabía reconocer las letras del abecedario, dando cierta cantidad de golpes en el suelo y podía reconocer todas las letras.

 

Este sorprendente caballo se llegó a convertir en la sensación de aquellos tiempos ya que lo sabía todo y en todos lados se hablaba de él ya que era llamado fenómeno.

 

Grandes científicos, veterinarios y expertos en otras áreas decidieron unirse para evaluar a este caballo y hacerle preguntas y comprobar si era un genio o un fraude total. Para ello comenzaron con preguntas de lenguaje y matemáticas sencillas y era sorprendente: el caballo las respondía todas, sin fallas, ah, claro, de paso se encontraba solo delante de toda esta multitud de genios haciéndole preguntas y no dejaron que su entrenador Wilhelm Von Osten estuviera con él. El caballo era un genio aparentemente.

 

Pero los científicos seguían sin confiar en este caballo y guardaban silencio y pidieron que se le hiciera una segunda prueba a este caballo e invitaron a más genios y científicos en otras áreas. Bueno, se lleva a cabo la segunda prueba y los científicos gritaban las preguntas desde sus puestos.

 

Y este caballo genio las cazaba todas en el aire y lo sabía todo, hasta que uno de los científicos decidió bajarse de su puesto y hacerle una pregunta a Hans en el oído y el caballo se quedó mudo, no respondió, se quedó callado totalmente, y el científico gritó:

 

-¡Ajá! ¡No es ningún genio!

 

Por mi parte, sí era un caballo muy inteligente y de cierta forma era algo interesante.

 

El caballo tenía su truco, su entrenador no lo había entrenado para saber todas esas cosas, sino saber ver las expresiones de las personas y responder en este caso. Los científicos le hacían preguntas, el caballo iba golpeando el piso y observaba como iban cambiando las expresiones de ellos, hasta que llegaba al resultado, mostraban sonrisas, otros se sorprendían y el caballo cesaba de golpear el suelo, para esto es que su genial entrenador Von Hosten lo había entrenado.

 

Espero que les haya gustado y que apliquen «El sentido equino de Hans» en sus vidas.

 

Las personas ciegas pueden ver todo a través de sus oídos; los sordos pueden ver a través de tus expresiones. Agudiza tus sentidos y verás, oirás y sentirás el mundo como realmente es.

 

 

David Benzadon

 

 

 

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