RECORREN EL MISMO TRAYECTO DE LO INFINITO

 

 

 

 

Para ese hombre, la muerte suponía irse de su esposa, compañera admirable con la que compartió más de sesenta años de su vida, alejarse de la mujer amada y en cuyo vientre había sembrado la semilla de su descendencia; sus hijos, a los que forzosamente tenía que decir adiós, esos niños del ayer, ya adultos, por lo que el trabajo, tiempo ha, trocábase en ilusión, en el sustento maravilloso que llevaba a su hogar.

 

El rostro moribundo cambió por breves instantes. Una sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios, un leve sentimiento de satisfacción se dejó traslucir en la cara. Quizás fue, sólo, la expresión de su conformidad ante lo inevitable, pero esa sonrisa creó cierta paz dentro de la desconsolada tristeza. Un trémolo de felicidad les sobrecogió, unos cuantos segundos que se grabaron para siempre en la vida de los presentes.

 

Lo que había sido hasta entonces rabia e impotencia ante la realidad inalterable, se convertía, con sólo una sonrisa, en seguridad y fe en que todo no acaba allí; no se asistía al fin, sino más bien al comienzo de una nueva etapa en el camino hacia la eternidad; algo más allá, que para el resto era incomprensible, estaba por abrir sus puertas y acoger un alma que se uniría a todas aquellas que por milenios, recorren el mismo trayecto de lo infinito.

 

Aquella diminuta expresión de felicidad en el rostro de ese ser inconsciente, tuvo el más grande poder de convicción que haya sentido la familia. Sin mediar lenguaje, sin tener siquiera necesidad de un movimiento explicativo, con un breve gesto risueño, el yacente, desde su lecho de muerte, envió a su esposa e hijos el maravilloso mensaje de no temer a la muerte llegada ésta en su día; de no compadecer al que se va, al que deja el mundo terrenal, pues lo inmaterial, el espíritu, es eterno.

 

Abraham Botbol

 

 

 

Aunque el hombre común considera la muerte con temor y pesadumbre, aquellos que partieron antes saben que ella constituye una maravillosa experiencia de paz y libertad. Al morir, nos olvidamos de todas las limitaciones del cuerpo físico y entendemos cuán libre somos.

 

En los primeros segundos se experimenta una sensación de miedo, de temor a lo desconocido, a algo que es extraño a la conciencia. Pero después de estos breves momentos de sobrecogimiento, viene una maravillosa percepción: el alma experimenta una gozosa sensación de descanso y libertad. Comprendes entonces que existes separado del cuerpo mortal.

 

Puesto que todos moriremos algún día, de nada sirve tenerle miedo a la muerte. No te sientes desdichado ante la perspectiva de perder la conciencia del cuerpo mientras duermes; por el contrario, aceptas el sueño como un deseable estado de libertad.

 

Así es la muerte; es un estado de reposo, una pensión ganada por tus esfuerzos en esta vida. No hay nada que temer. Cuando llegue la muerte, ríete de ella. La muerte es sólo una experiencia destinada a enseñarte una gran lección: que no puedes morir.

 

Nuestro verdadero ser, el alma, es inmortal. Posiblemente durmamos por un corto tiempo en ese estado que llamamos muerte, pero jamás podremos ser destruidos. Existimos, y esa existencia es eterna. La ola llega a la playa y luego vuelve al mar; no se pierde, sino que se funde con el océano, o regresa nuevamente bajo la forma de otra ola.

 

Este cuerpo ha venido y desaparecerá; pero su esencia, el alma, que está dentro de él, jamás cesará de existir. Nada podrá extinguir esa conciencia eterna.

 

El alma, que es la esencia espiritual del ser humano, es indestructible. La materia sufre cambios; el alma sufre experiencias cambiantes. A los cambios radicales se les denomina muerte; pero la muerte –o el cambio de la forma física- no altera ni destruye la esencia espiritual.

 

El cuerpo es tan sólo una vestimenta; cuando te desprendes de la vestimenta corporal al sobrevenir la muerte, tú no cambias, sigues siendo exactamente el mismo, un alma inmortal.

 

Para los hombres que han cumplido su deber, la muerte constituye una promoción a un nivel superior; y para los que han fracasado, significa una nueva oportunidad de superación en un ambiente distinto.

 

Paramahansa Yogananda

 

 

 

 

Cada noche, en mis sueños,
Te veo, te siento.
De esa manera sé que sigues.
Lejos, más allá de la distancia
Y espacio entre nosotros,
Has venido para mostrar que sigues.

Cerca, lejos, dondequiera que estés,
Creo que tu corazón aún sigue.
Una vez más, abriste la puerta
Y estás aquí, en mi corazón.
Y mi corazón seguirá y seguirá.

El amor puede tocarnos una vez,
Y durar toda una vida.
Y nunca cesar hasta que ya no estemos.

 

Céline Dion «My Heart Will Go On»


 

-¿De qué materia estamos hechos? ¿de dónde vinieron esos átomos que forman nuestro cuerpo? –preguntó Brida.

Lorens respondió, mirando el cielo antiguo.

-Fueron creados junto con estas estrellas y este río que estás viendo. En el primer segundo del Universo.

-Entonces, después de este primer momento de Creación, ¿no se añadió nada más?

-Nada más. Todo se movió y se mueve. Todo se transformó y continúa transformándose. Pero toda la materia del Universo es la misma de billones de años atrás. Sin que un átomo tan siquiera haya sido agregado.

 

Paulo Coelho «Brida»

 

 

La muerte física no es, de ninguna manera, la muerte real. Ya hemos crecido lo suficiente para darnos cuenta de que hay vida más allá de la existencia física. En la medida en que encontramos esa vida, nos convertimos en nosotros mismos, como hijos de los hombres y como Hijos de Dios.

 

Marianne Williamson

 

 

 

Es cierto que morir constituye una parte de la vida. Es la fase final de la vida. Es el momento de la graduación. Es cuando nuestro destino y nuestro libre albedrío se unen, dejamos el plano terrenal, nuestro espíritu despega y entramos en la luz.

 

Gene Egidio

 

Creo firmemente que no podemos matar el pensamiento y que toda forma está en transición. Nosotros, nuestros pensamientos, abandonamos el cuerpo cuando entramos en el sueño, y entonces nosotros –los pensamientos que somos- volvemos a penetrar en el cuerpo de la conciencia despierta. Las almas verdaderamente iluminadas saben que no pueden morir. Saben que la muerte no es más que una transición de la forma, y que la dimensión del pensamiento astral no conoce nada que pueda considerarse un principio o un final.

Wayne Dyer

 

 

 

La muerte te tiene que encontrar bien vivo, irradiando vida por todos los poros. Tu muerte tiene que ser una explosión de vida. Haz, por tanto, cada día, una opción por la vida, para que tu vida sea vivir para siempre la Vida.

 

José Luis Alonso

 

 

El nacimiento no es un comienzo sino una continuación, y la muerte no es un final sino también una continuación. La vida continúa eternamente. Siempre fue y siempre será. La encarnación física no es más que una de las formas que puede tomar la vida.

 

Un Curso de Milagros


 

El hombre va adquiriendo una oscura conciencia de sí mismo como de algo que no se identifica con la naturaleza. Cae en la cuenta de que le ha tocado un destino trágico: ser parte de la naturaleza y sin embargo trascenderla. Llega a ser consciente de la muerte en tanto que destino final, aun cuando trate de negarla a través de múltiples fantasías.

 

Erich Fromm

 

 

La muerte pertenece a la vida igual que el nacimiento. Para andar no sólo levantamos el pie, también lo bajamos.

 

Rabindranath Tagore

 

 

El espíritu no tiene nacimiento, ni puede perecer jamás: ha existido desde siempre. ¡El Comienzo y el Fin son sólo sueños! El espíritu permanece por siempre inmutable, sin nacimiento ni muerte. Aunque su morada temporal perezca, el espíritu es invulnerable a la muerte.

 

Bhagavad Gita

 

 

Los que tienen la fortaleza y el amor suficientes para sentarse junto a un paciente moribundo en el silencio que va más allá de las palabras, sabrán que ese momento no es espantoso ni doloroso, sino el pacífico cese del funcionamiento del cuerpo. Observar la muerte pacífica de un ser humano nos recuerda la caída de una estrella; en un cielo inmenso, una de entre un millón de luces brilla sólo unos momentos y desaparece para siempre en la noche perpetua.

 

Elisabeth Kübler-Ross

 

 

Somos espíritu. Es un acto de amor y benevolencia de Dios prestarnos un cuerpo que nos sirve para sentir placer, adquirir conocimiento o hacer el bien a las demás criaturas. Cuando el cuerpo pierde su aptitud para estos fines y nos causa dolor en lugar de placer, en vez de ayudarnos se convierte en un estorbo y no sirve a las finalidades para las cuales nos fue dado, es un acto de igual amor y benevolencia proporcionarnos un modo de librarnos de él. La muerte es ese modo.

 

Benjamin Franklin

 

 

 

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