LA PUERTA DE ENTRADA A LA EXCELENCIA

 

 

 

 

 

 

 

Conocí a Pau Casals, uno de los grandes maestros del siglo XX, poco antes de que cumpliese los noventa años, y era casi penoso ver al anciano mientras se disponía a comenzar su jornada.

 

Su debilidad y su artritis eran tan incapacitantes, que se vestía con ayuda de otras personas. La respiración fatigosa evidenciaba su enfisema. Arrastraba los pies al andar, inclinado, con la cabeza casi colgando. Tenía las manos hinchadas, los dedos agarrotados. Su aspecto era el de un hombre viejo y muy fatigado.

 

Incluso, antes del desayuno, se encaminaba hacia el piano, uno de los diversos instrumentos que Casals dominaba. Se acomodaba en la banqueta, no sin grandes dificultades. Y mediante un esfuerzo que parecía terrible, alzaba las manos hacia el teclado.

 

Pero entonces ocurrió algo casi milagroso. Ante mis ojos, Casals experimentó una transformación repentina y completa. Entraba en un estado de posesión de sus recursos, y al mismo tiempo su fisiología cambiaba a tal punto, que empezó a moverse y a tocar, produciendo sobre el piano y sobre sí mismo resultados tales que únicamente se hubieran creído posibles en un pianista joven, vigoroso y flexible.

 

Los dedos fueron perdiendo su agarrotamiento y se tendieron hacia las teclas como los pétalos de una flor se vuelven hacia el sol. Su espalda se enderezó. Se hubiera dicho que respiraba con más desahogo.

 

La sola intención de ponerse al piano cambiaba por completo su estado y, por ende, sus recursos físicos. Casals empezó con el Clave bien temperado de Bach, que interpretó con gran sensibilidad y dominio.

 

Luego abordó un concierto de Brahms y sus dedos parecían volar sobre el teclado. Todo su organismo se fundía en la música. Dejó de estar anquilosado para moverse con gracia y suavidad, totalmente libre de su rigidez artrítica.

 

Cuando dejó el piano parecía otra persona totalmente distinta de la que se había sentado a tocar. Estaba más erguido, más alto, y anduvo sin arrastrar los pies. Inmediatamente, se dirigió a la mesa del desayuno, comió con buen apetito y salió a dar un paseo por la playa.

 

Casals creía en la música y en el arte, que habían dado belleza, orden y nobleza a su vida, y que todavía se mostraban capaces de realizar el milagro cotidiano para él. Como creía en el poder trascendente de su arte, disponía potencial en un grado que casi desafía al entendimiento.

 

Sus creencias transformaban todos los días al anciano en un genio lleno de vitalidad. Le mantenían vivo, en el sentido más verdadero de la expresión.

 

Norman Cousins

 

 

 

La fe es cualquier principio, guía, aforismo, convicción o pasión que pueda suministrar sentido y orientación en la vida.

 

La fe nos ayuda a obtener de nosotros mismos los recursos más profundos, y a dirigirlos en sentido favorable al objetivo buscado.

 

Las creencias pueden ser la fuerza más poderosa para hacer el bien en la vida; por el contrario, las creencias que ponen límites a nuestras acciones y pensamientos pueden ser tan devastadoras como negativas.

 

La fe ayuda a ver lo que uno quiere y confiere energías que ayudan a obtenerlo. Ninguna otra fuerza rectora del comportamiento humano resulta tan poderosa.

 

La realidad para usted es la realidad que usted crea. Si tiene creencias positivas será porque usted las ha creado así. Y si son negativas, también son obra de usted.

 

La fe no es más que un estado, una representación interna que dirige el comportamiento. Puede ser una fe capacitante, como la creencia en una posibilidad, o una fe incapacitante. Usted tiene razón tanto si dice que puede como si dice que no puede. Ambas convicciones tienen una gran potencia y la cuestión estriba en saber qué clase de creencias nos conviene albergar y cómo desarrollarlas.

 

El error más grande que las personas suelen cometer respecto a la fe es creer que se trata de un concepto intelectual estático, de una actitud divorciada de la acción y de los resultados. Nada más lejos de la verdad. La fe es la puerta de entrada a la excelencia precisamente porque no tiene nada de irreal ni de estático. Nuestra fe determina nuestra capacidad para liberar nuestras potencialidades.

  

Anthony Robbins

 

 

 

 

La fe funciona en el silencio, sin preguntas ni respuestas.

Desafía el discurso de las cifras y se ríe de las estadísticas.

Es una forma de certeza que no tiene lógica.

Una confianza total que camina sin razones.

Una intuición que cree en lo Supremo.

Es el camino sin cargas, el más cómodo del mundo.

Es la actitud perfecta para nuestra vida.

Una garantía sin firma, sólo de palabra.

 

Es un poder mayor que toda ciencia.

Te hace sentir seguro e infalible.

Es tan inmensa que no hay manto de problemas que la cubra.

Su casa natural es la paciencia.

Es el ingrediente indispensable para el éxito.

Es el imán que atrae los milagros.

El botón activador de nuestra magia.

 

Ella fortalece a cuantos la reciben.

Los hace tenaces, decididos.

Les ahorra la suplica y el miedo.

Vive a la mano, dentro de todos los seres conscientes.

Llámala, búscala, pídela.

Y a su tiempo, cuando la hayas encontrado,

Cuando ya no tartamudees,

Verás moverse las montañas.

No creas que es tan sólo una metáfora.

 

Renny Yagosesky

 

 

El hombre es lo que cree.

 

Anton Chejov

 

 

En el mismo instante en que cambias de creencias en cuanto a una situación, esa diferencia de mentalidad atraerá a otra clase de personas y otra categoría de oportunidades.

 

Andrew Matthews

 

 

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.

 

Leon Tolstoi

 

 

Siempre sucede aquello en lo que tienes fe; la fe hace que las cosas sucedan.

 

Frank Lloyd Wright

 

 

Es curioso, pero si decides aceptar únicamente lo mejor de lo mejor, muchas veces lo consigues.

 

William Somerset Maugham

 

 

Cada uno de nosotros se comporta de acuerdo con lo que cree que es «verdadero» o «posible». La mayor parte de nuestra conducta, de hecho, es el resultado de nuestra fe o sistema de creencias.

 

Arthur Rowshan

 

 

La persona que tiene fe posee más fuerza que otras noventa y nueve que sólo tengan intereses.

 

John Stuart Mill

 

 

Tengo un mañana que es mío

Y un mañana que es de todos.

El mío acaba mañana

Pero sobrevive el otro.

 

Mario Benedetti

 

 

La falta de fe no es realmente falta de fe, sino fe que se ha depositado en lo que no es nada.

 

Un Curso de Milagros

 

 

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