MILAGROS DE AMOR

 

 

Nació el 11 Febrero 1925 y hasta que cumplió cincuenta años, Jerry se sintió víctima de sus propias actitudes incorrectas y sus malos hábitos. Se sentía indigno de ser amado y nadie podía convencerle de lo contrario.

 

Pensaba que si se atrevía a actuar con franqueza y volverse vulnerable, la gente descubriría cómo era él realmente, y con toda seguridad lo rechazaría.

 

Se odiaba a sí mismo y le paralizaba el temor de ser rechazado. Aunque tal vez pareciera fuerte por fuera, su corazón se sentía débil y herido, y él persistía en levantar un alto cerco a su alrededor para que los demás no se le pudieran acercar.

 

Se sometió a psicoterapia y psicoanálisis pero nada parecía dar resultado.

 

Se había convencido a sí mismo de que estaba condenado a fracasar en la vida y como resultado de ello, era implacable consigo mismo y con los demás.

 

Aunque profesionalmente lograba un gran éxito como psiquiatra, la vida interior del Dr. Gerald Jampolsky distaba mucho de ser un éxito, pues estaba plagada de conflictos y caos.

 

Sus actitudes eran como sombras negras que le seguían dondequiera que fuera, haciendo estragos en sus estudios, sus actividades deportivas y su rol de padre y esposo, lo cual le condujo a un divorcio conflictivo.

 

Tenía miedo al amor y a las relaciones íntimas. Temía resultar herido. Atormentado por la culpa, oscilaba entre culparse a sí mismo y culpar a los demás. Sus mayores fracasos parecían ocurrir cada vez que trataba de controlar a las personas y los acontecimientos de su entorno.

 

 

 

 

 

En 1975, durante un periodo en el que se estaba destruyendo a sí mismo con el alcohol, sin ningún tipo de creencias espirituales, y sentía que nada ni nadie podía ya ayudarlo, ocurrió un milagro.

 

Su amiga Judith Skutch Whitson le dio un ejemplar de un manuscrito inédito titulado «Un Curso de Milagros» (A Course in Miracles). El curso era acerca del poder del amor y del perdón y de cómo ambos pueden ofrecernos absolutamente todo lo que deseemos.

 

Cuando se convirtió en alumno del curso, su vida comenzó a cambiar en forma notoria y a asumir un significado y un propósito totalmente diferentes.

 

Empezó a descubrir que no era su conducta lo que necesitaba un cambio. Lo que debía cambiar eran sus pensamientos, sus creencias y sus actitudes. Cuando se dio cuenta de que sus pensamientos eran lo que creaban su realidad, se encontró con que la curación de sus actitudes comenzaba a crear una nueva realidad para él.

 

A medida que fue dejando de aferrarse al temor y la culpa y empezó a preocuparse más por «dar» que por «recibir», también comenzó a experimentar una paz interior que hasta ese momento habría creído posible.

 

De pronto tuvo fe y aceptó la opción de confiar en un poder superior que lo guiara. Comenzó a sentir el poder del amor y el perdón, que le brindaba felicidad. Algunas relaciones que él había pensado que jamás se remediarían empezaron a remediarse.

 

 Cuando se libró de su compulsión de controlar a los demás y dejó que Dios le guiara, comenzaron a ocurrir milagros de amor en su vida.

 

Poco después tomo interés en el problema de los niños de corta edad que sufrían enfermedades graves y corrían peligro de morir. El Dr. Jampolsky sintió la necesidad de apoyar emocionalmente a los niños con cáncer y a sus familiares, partiendo de la base de que hay cosas, como esta enfermedad, contra la que no se puede luchar, pero hay otras, como las actitudes, sobre las que sí se puede actuar.

 

Se dio cuenta de que los niños estaban luchando emocional, espiritual y físicamente pero no tenían un ambiente donde poder discutir sus preocupaciones sobre su enfermedad y sus temores en relación a la muerte. Esta experiencia en el pabellón de cáncer infantil le condujo a poner en marcha el primer «Centro de Curación por la Actitud» (The Center for Attitudinal Healing) en Tiburón, California.

 

 

 

 

 

En el centro trabajan sobre doce principios basados en «Un Curso de Milagros». Estos principios parten de la convicción de que la esencia de nuestro ser es el amor y que nuestra verdadera identidad es espiritual; el perdón está en la base de todos los principios.

 

La paz interior sólo puede ser alcanzada cuando practicamos el perdón. El perdón es el vehículo para modificar nuestras percepciones y dejar ir nuestros miedos, juicios condenatorios y pesares.

 

Cuando no se perdona, la energía adversa generada por el rencor, impide que el sistema inmune funcione y se hace más difícil recuperar la salud; el odio, la amargura y la venganza son opresivos, contraproducentes y nos agotan, tanto intelectualmente como emocionalmente.

 

Para cambiar las creencias, hay que tomar la decisión de tener cierta voluntad de contemplar nuestras vidas de un modo diferente; al cambiar nuestros pensamientos y nuestras actitudes, podemos cambiar el mundo que experimentamos.

 

 

 

 

Conjuntamente con su esposa, la Dra. Diane Cirincione, han impulsado la apertura de nuevos centros en distintas partes del mundo. Asimismo, han escrito varios libros, entre ellos destacamos «Amar es la respuesta», «Sin miedo al amor» y «Poder curativo del amor», que refuerzan uno de los principios del curso: los dos estados mentales básicos son el amor y el temor: el temor es la fuente de todas las emociones negativas.

 

El amor es la total aceptación de la otra persona, es dejar ir el temor; sólo el amor como fundamento de nuestras vidas y acciones, puede ayudarnos a encarar con valentía la enfermedad.

 

Recopilado por Elias Benzadon

 

 

 

Hoy he sentido la luz dentro de mí. He sentido el poder del Amor de Dios que penetraba por un río tranquilo e inundaba todos y cada uno de los aspectos de mi ser. ¿Cómo sucedió? ¿Qué hice para que pasara? Nada. Di un paso atrás, dejé de lado mi ego y dejé que fuera Dios el que marcara el camino.

 

Todo mi ser vibra con el fuego del deseo de nuestra unión eterna. Mi aliento es sólo Tuyo. Mi corazón es un faro sin límites de Tu Amor. Mi Espíritu, que es Tuyo, es la Luz del Mundo. Mis ojos sólo irradian y reflejan nuestro Perfecto Amor. Mi esencia vibra Contigo como la armonía de la música que aún no se ha escuchado, Mi visión, que es Tuya, sólo sabe bendecir. Mi oración no es sino una eterna canción de gratitud, porque Tú estás en mí y yo en ti y porque vivo en Tu Gracia para siempre.

 

Curar es vivir la vida como una oración y aceptar que esto nos provoca un estado natural de alegría pura, de paz y de amor.

 

Perdonar es ver la luz de la lámpara y no la pantalla.

 

Dr. Gerald Jampolsky

 

 

 

 

 

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