ES ALGO QUE LLEVO EN LA SANGRE

 

 

El día 21 de marzo del año 1960 nacía en São Paulo, Brasil, Ayrton Senna da Silva. Ayrton era hijo de un terrateniente, un rico hombre de negocios. Siendo Ayrton todavía un niño, su padre le construyó un coche a pedales; aquél pequeño auto fue doblemente milagroso, ya que no solamente pobló de ilusión a aquella criatura, sino que además hizo desaparecer ciertos problemas de motricidad en las manos de un chiquillo que en breve comenzaría a incursionar, a pasos agigantados, en el mundo del automovilismo.

 

Desde ese momento, su padre fue su principal agente impulsor, y gracias a él, en el año 1973 ya había entrado a competir en el campeonato de karts de Brasil. Antes de acabar la década de los setenta, aquel joven brasileño ya había sido campeón de Sudamérica y subcampeón del mundo de karts.

 

En 1980 Senna abandonaba su adorado Brasil natal para desplazarse a suelo europeo y conocer, de primera mano, el automovilismo del Viejo Continente; allí sorprendería su facilidad para acumular victorias, pole positions y vueltas rápidas.

 

Dado el talento atesorado, Ayrton no tardaría en hacerse un privilegiado hueco: en 1981 se proclamó campeón, de forma indiscutible, en la categoría de la Fórmula Ford 1600 Británica; al año siguiente, 1982, consiguió el título de campeón en la categoría de Fórmula Ford 2000; y en 1983 se proclamó campeón en la complicada Fórmula 3 Británica, en el mismo año de su llegada a la categoría.

 

Con estos avales, en 1984 por fin Ayrton dio el paso definitivo para llegar a la categoría donde se colmarían sus aspiraciones y en la que su figura se consagraría eternamente: la Fórmula 1. Tras manejar, durante los principios de su andadura monoplazas de escuderías humildes, Ayrton pasaría en la temporada del año 1988 a la escudería McClaren, acompañando al ya prestigioso Alain Prost. Ese mismo año se proclamó campeón del mundo, revalidando el título dos veces más: en el año 1990 y en el año 1991.

 

 

 

 

En 1994, y después de un par de años de mala suerte a causa de una fuerte crisis en la escudería McClaren, Ayrton fichó por el equipo Williams-Renault. Lo que en principio parecía ser una nueva etapa plagada de éxitos al ponerse a los mandos del que, por entonces, era el mejor coche, acabó convirtiéndose en una tragedia.

 

La temporada comenzaba para Ayrton con dos poles y dos abandonos en los G. P. de Brasil y Pacífico, mientras que su más directo oponente, un joven Michael Schumacher, se imponía en sendas carreras. El siguiente episodio tendría lugar en Ímola, San Marino.

 

El Gran Premio comenzó mal desde el principio: en la primera jornada de los entrenamientos, el coche del brasileño Rubens Barrichello volaba contra un muro de neumáticos, sufriendo el piloto varias heridas de cierta severidad que le impedirían disputar la carrera.

 

Al día siguiente, sábado, el monoplaza del austriaco Roland Ratzenberger se salía en la trazada de una curva, chocando de frente contra un muro: el piloto falleció en el acto. Ambos accidentes afectaron visiblemente a Senna, quien se mostró durante las horas previas al Gran Premio notablemente preocupado, como quien presiente algo malo: buena prueba de ello es que, en cada carrera, Senna siempre tenía por costumbre dar dos vueltas al circuito tras salir del pit-lane, antes de colocarse en la parrilla de salida; en aquella ocasión, Ayrton dio tres vueltas.

 

A pesar de todos los contratiempos, Senna había conseguido la pole position, por lo que partía desde la primera línea de la parrilla de salida. Tras un comienzo de carrera algo convulso, el piloto brasileño se hizo con el control de la competición, manteniendo la primera posición; sin embargo, al llegar a la séptima vuelta, Ayrton perdió el control de su coche al entrar en la célebre curva de Tamburello, con tan mala suerte que su monoplaza se salió de pista chocando finalmente contra un muro de hormigón.

 

Senna moriría cuatro horas más tarde en el hospital, al que fue evacuado en helicóptero desde el circuito.

 

Mucho se ha especulado sobre las causas de aquel accidente: que si la barra de la dirección, que si la temperatura de los neumáticos… ¡Da igual! Lo único que ha quedado claro es que aquella triste tarde del 1 Mayo 1994 le perdimos para siempre.

 

 Lo que vino después fue una clara muestra de la grandeza inherente al brasileño: aquel accidente cambió el deporte del motor profundamente, lo que indudablemente ha contribuido a salvar muchas vidas desde entonces.

 

Una de las consecuencias del accidente de Senna ha sido el replanteamiento de los trazados de los circuitos de todo el mundo. Tamburello, por ejemplo, la curva en la que Senna halló la muerte, fue rediseñada y convertida en una chicane de izquierda a derecha para obligar a los pilotos a reducir la velocidad. Desde aquel infortunio, no ha habido más accidentes mortales en Fórmula 1. ¿Acaso es éste un digno legado para un gran hombre?

 

Al morir, Ayrton Senna acumulaba en su trayectoria como piloto de Fórmula 1, además de los tres títulos mundiales, 41 victorias, 65 pole positions y 19 vueltas rápidas, además de algún que otro récord de menor índole, como son sus seis victorias en el Gran Premio de Mónaco, el más atractivo de todos.

 

Con el tiempo, ha sido superado por Michael Shumacher en todos los records, exceptuando el de las seis victorias en Mónaco, quedando así la eterna intriga de qué hubiera pasado de no haber muerto, lo que ha contribuido a afianzar aún más la leyenda de Senna.

 

 

 

 

Pero Ayrton Senna representa algo más que unas meras cifras deportivas apabullantes. Senna era algo más que un piloto. Tras el nombre de Ayrton Senna hay algo más que una vida completa ligada al deporte del motor.

 

No se mide la grandeza de un hombre solo en cifras; no se ha traído la figura de Senna aquí para transcribir su carrera deportiva. Las estadísticas, por sí solas, no crean ni un ídolo, ni mucho menos una leyenda.

 

Ayrton Senna llegó a establecer una relación tan sumamente estrecha, íntima, personal y afectiva con su vehículo, que no tiene parangón: Senna conseguía entenderse a la perfección con su automóvil, llegando con él a acariciar los límites de lo sobrenatural, rebasando las barreras de velocidad que nadie imaginaba que ni siquiera se pudieran alcanzar y logrando los triunfos que la mayoría de sus compañeros de competición anhelaban. Era una relación más mágica que amorosa.

 

 A él poco le importaba, por no decir nada, si el asfalto estaba mojado o tenía poca adherencia: lo suyo era volar y violar, en una décima de segundo, todas las leyes de la Física.

 

Su precisión en la conducción le hizo prácticamente invencible en condiciones climáticas extremas; no hay más que valorar que a día de hoy ningún piloto es capaz de adelantar por el exterior en las curvas de un circuito lluvioso.

 

 Ayrton dominaba el clima como nadie: cuando llovía en su São Paulo natal, y toda la gente se recogía, Ayrton aprovechaba para entrenar con su monoplaza en el circuito de Interlagos, con lo que acostumbraba sus músculos a la dureza y el rigor de la lluvia, además de aprender a controlar, visual y técnicamente, las peores condiciones climáticas en el asfalto.

 

¿Qué más se puede decir? Era un hombre extraordinario que poseía un don magnífico, con un talento sublime y una ambición épica y muestra de su anhelo de victoria es su tan repetida frase «el segundo es el primero de los perdedores».

 

Además, Senna combinaba ese talento sin fin dentro de las pistas, que demostraba en cada Gran Premio, con una sensibilidad sin igual y un don de gentes extraordinario: fue un hombre que, como ningún otro, supo ganarse el afecto de la gente y el respeto de los más rigurosos críticos del mundo automovilístico; la relación entre Ayrton y su público iba más allá de cualquiera de sus deleitosas actuaciones a los mandos de su monoplaza.

 

Cuando llegaron a Brasil sus restos mortales, recibió un entierro con todos los honores, como el héroe nacional que era: multitud de admiradores, bañados en lágrimas, acudieron a rendirle tributo por las calles de São Paulo al paso de su féretro envuelto en la bandera de Brasil, mientras el país declaraba tres días de luto oficial.

 

Buena muestra de su calidad humana, son, por poner un ejemplo, las imágenes que muchos aficionados conservan aún en su retina de los entrenamientos del G. P. de Bélgica del año 1992, en el circuito belga de Spa Francorchamps. Ayrton, al percatarse de que el piloto francés Erik Comas permanecía dentro del monoplaza tras sufrir un aparatoso accidente, detuvo su vehículo y echó a correr en auxilio del accidentado intentando evitar así una desgracia mayor; la imagen de un piloto ayudando a un compañero en semejante situación es bastante poco habitual y dice mucho de la categoría humana del bienhechor.

 

Si sorprendentes fueron su trayectoria profesional y su don de gentes, sorprendente era también, para asombro de todos, la relación que mantenía, o decía mantener, con Dios. Ya no solo era una cuestión de fe o convicción; ya no solo era que, antes de cada Gran Premio, Senna acostumbrara a leer, en el motorhome de cada circuito, algún pasaje de la Biblia; es que Senna parecía ser propietario de una comunicación exclusiva, directa y «de tú a tú» con Dios.

 

Era como si verdaderamente se dirigiera a un amigo, a un ser de su misma naturaleza; no a un ser superior ante el que la gente suele arrodillarse. Parecía como si Dios estuviera permanentemente atareado; pero cuando el gran piloto llegaba, sin necesidad de pedir audiencia, Él le atendía.

 

Era algo fantástico: en más de una ocasión llegó a confesar que en la curva de Eau Rouge, en el circuito belga de Spa, hablaba con Dios. Además, solía decir que no le gustaban las iglesias llenas, sino que prefería las iglesias vacías, ya que en ellas la comunicación con Dios era más asequible y personal.

 

 

 

 

Pero aún hay más: Ayrton amaba apasionadamente su Brasil natal, con sus luces y sus sombras, con sus carencias y sus abundancias, con sus miserias y sus opulencias.

 

 Después de cosechar tantos éxitos y adquirir una considerable riqueza, Ayrton decidió destinar parte de sus esfuerzos a intentar ofrecer las oportunidades que él tuvo, a otros que no gozaban de su suerte.

 

Así, en febrero de 1994 se creó el personaje de dibujos animados «Senninha», presentándose oficialmente en una ceremonia en la que estuvo presente el propio Ayrton.

 

Senninha, que en realidad es el pequeño Senna, es un simpático y travieso pequeño campeón del automovilismo, inspirado en y por el propio Ayrton. El cariñoso y alegre dibujo animado pronto alcanzó una gran popularidad en Brasil.

 

 

 

 

 

En paralelo al nacimiento de Senninha, se fundó el «Instituto Ayrton Senna», bajo el lema «desarrollar el potencial de las nuevas generaciones: todos tienen el potencial para ser un vencedor».

 

El Instituto nacía con la misión de ayudar a niños desfavorecidos en Brasil a través proyectos educacionales, deportivos, medioambientales y de salud, nutriéndose fundamentalmente con los derechos del personaje de dibujos Senninha.

 

Tras la muerte del piloto el 01 de Mayo de 1994, y hasta hoy, el Instituto ha estado dirigido por Viviane Senna, hermana de Ayrton, consiguiéndose unos resultados que superan con creces los éxitos deportivos de Ayrton: en los últimos diez años, el patrocinio de empresas y la venta de productos de la marca Senna-Senninha han permitido recaudar más de 35 millones de dólares, lo que ha permitido que casi cuatro millones de niños y jóvenes brasileños, carentes de medios económicos, hayan tenido la oportunidad de desarrollar sus potencialidades a través de los múltiples proyectos del Instituto.

 

En estos momentos hay más de 370 productos en diversas partes del mundo que llevan el nombre de Senna: hoy la imagen de Senninha se puede encontrar desde en pequeños objetos, como cuadernos escolares, camisetas o juguetes, hasta en helicópteros.

 

Además, se realizan actividades orientadas a recaudar fondos que ya han adquirido notoriedad y son consideradas una tradición; este es el caso del Ayrton Senna Racing Day, una maratón que se celebra anualmente en São Paulo, en la que se recaudan fondos para nutrir y afianzar los proyectos del Instituto Ayrton Senna.

 

Así, con el trabajo de su hermana Viviane y con la huella que él mismo fue dejando por cada uno de los circuitos en los que compitió, la imagen de Ayrton Senna permanece hoy mucho más viva que en ningún otro momento de su carrera, convertida en legendaria desde el mismo momento que nos dejó.

 

Vencer los obstáculos y poder ir siempre más allá de los límites fueron, y siguen siendo, sus distintivos principales en honor a su impronta como gran piloto y, aún en mayor medida, como extraordinario ser humano.

 

Su esfuerzo permanente por ser mejor, su dedicación y su entrega, su anhelo de victoria y, ¿por qué no decirlo? su lucha hasta el último instante liderando una carrera, morir haciendo el trabajo que él tanto amaba: morir con las botas puestas, son valores que iluminaron durante muchas tardes a miles de aficionados y que, aún hoy, siguen asombrando a gentes de todas las naciones que ven en Senna una leyenda, más que deportiva, de lucha, entrega, superación y aprovechamiento máximo de las habilidades individuales para llegar siempre a más.

 

Rubén Rodríguez Elizalde

 

 

 

 

 

 

Todos los años hay un campeón, pero no siempre hay un gran campeón.

 

Mis rivales no me quieren porque mi pecado es ser veloz.

 

Los pilotos somos, para la gente, más un sueño que una realidad.

 

Correr, competir; es algo que llevo en la sangre; es parte de mi, es parte de mi vida. Es lo que llevo haciendo toda mi vida. Y esto es lo primero, antes que cualquier otra cosa.

 

Las carreras son excitantes, pero también peligrosas.

 

Nunca tengo en cuenta la posibilidad de sufrir un accidente, pero el miedo es una constante en mi día a día.

 

Tengo miedo de la muerte y del dolor, pero convivo con ellos. El miedo me fascina.

No sé conducir de otra forma que no sea arriesgada. Cuando tengo que adelantar, adelanto. Cada piloto tiene un límite; el mío está por encima del de los demás.

 

El cobarde muere varias veces; el valiente solo experimenta la muerte una vez antes de expirar.

 

Me vienen muchas cosas a la cabeza: soy un profesional, tengo una responsabilidad, pero también soy un ser humano. Los valores que tengo en mi vida son más fuertes que cualquier persona que desea influir sobre dichos valores, o destruir estos valores.

 

Lo más importante es ser tú mismo, aunque la gente te incordie y te moleste para intentar hacerte diferente, porque los demás quieren que seas diferente. Tienes que ser tú mismo. Tú, con tu propia personalidad, con tu propio carácter, con las dificultades que te encuentres en el camino. Así, con lo que se va aprendiendo y los errores que se van cometiendo, uno va siendo mejor.

 

A veces piensas que tienes un límite y tratas de alcanzar ese límite y haces todo lo mejor posible para alcanzar ese límite; y, cuando por fin estás alcanzando ese límite, hay algo dentro de ti que te dice que puedes ir un poco más lejos. Con el poder de tu mente, con tu determinación, con tu instinto y también con tu experiencia puedes volar muy alto.

 

Yo no tengo ídolos: lo que admiro es la dedicación, el trabajo y la competición.

En lo que digo respecto al empeño, al compromiso, al esfuerzo y a la dedicación, no existen términos medios: o haces una cosa bien, o no la haces.

 

Si quieres ser bien recordado, necesitas tener una dedicación total: buscar hasta donde llega tu límite y dar siempre lo mejor de ti mismo.

 

Yo creo que se aprende y se progresa sin cesar. Nosotros somos puestos a prueba sin cesar.

 

Si he llegado donde he llegado y he conseguido hacer todo lo que he hecho, ha sido porque tuve la oportunidad de crecer bien, en un buen ambiente familiar; de vivir bien, sin problemas económicos y de ser orientado hacia el camino correcto en los momentos decisivos de mi vida.

 

Los ricos no podemos seguir viviendo como si fuéramos una isla de prosperidad, cuando estamos rodeados por un mar de pobreza.

 

Dentro del coche va Ayrton Senna; dentro del piloto la fe en Dios.

 

Él (Dios) es el dueño de todo. Le debo la oportunidad que tuve de llegar a donde he llegado. Muchas personas tienen la capacidad, pero no tienen la oportunidad. Él me la dio a mí, pero no sé porqué. Sólo sé que no puedo desperdiciarla.

 

Trabajé mucho para alcanzar el éxito, pero no habría conseguido nada si Dios no me hubiera ayudado.

 

Soy un joven que sacrificó mucho de su propia existencia por las carreras de coches. Pienso en esta profesión desde que era un niño; di todo de mí por mi profesión y creo que la amo más que cualquier otra cosa. Por eso, mientras siga corriendo, lo haré solamente para vencer. Sólo pararé el día en que perciba que estoy rodando una décima de segundo más despacio de lo que podría rodar.

 

Se pueden encontrar aspectos positivos hasta en las situaciones negativas y es posible utilizar todo eso como experiencia para el futuro, ya sea como piloto, ya sea como hombre.

 

El día llega, llegará. Puede ser hoy o dentro de cincuenta años. Lo único que se sabe con seguridad es que el día llegará.

 

Ayrton Senna

 

 

 

 

 

 

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