LA ELECCIÓN DE SERVIR A LA VIDA

 

 

 

 

 

He llegado a valorar que un don del artista es la capacidad de ver el mundo tal como es. La visión de su creación que tienen los pintores o escultores es crucial, pero de nada vale si no pueden observar con precisión cuál es el estado actual de su creación.

 

 La mayoría de nosotros no somos capaces de percibir la realidad tal como es. La mayor parte de lo que «vemos» está conformado por nuestras impresiones, nuestra historia, nuestro equipaje, nuestros prejuicios.

 

No podemos ver a los demás tal como son porque estamos demasiado ocupados reaccionando a nuestra propia experiencia interna de lo que evocan en nosotros, de manera que raras veces nos relacionamos directamente con la realidad.

 

 Fundamentalmente nos relacionamos con recuerdos internos de nuestra propia historia personal, estimulada y evocada por lo que tenemos ante nosotros.

 

Cuando las cosas van mal, culpamos de la situación a los líderes incompetentes, evitando así cualquier responsabilidad personal. Y cuando la situación es desesperada, puede que nos descubramos esperando que el gran líder nos rescate.

 

 En medio de todo esto, perdemos de vista totalmente la cuestión más importante de qué somos capaces de crear colectivamente.

 

El liderazgo consiste en aprender a conformar el futuro y existe cuando la gente deja de ser víctima de las circunstancias y comienza a participar en su creación.

 

El liderazgo consiste en crear un campo en el que los seres humanos profundicen continuamente su comprensión de la realidad y sean capaces de participar en el despliegue del mundo y con la creación de nuevas realidades.

 

Nada cambiará en el futuro a menos que cambie radicalmente nuestra manera de pensar. Éste es el verdadero trabajo de los líderes. Tenemos unos modelos mentales del funcionamiento del mundo muy arraigados, mucho más profundos de lo que podemos imaginar.

 

Es una locura pensar que el mundo pueda cambiar sin que cambien nuestros modelos mentales.

 

La mayoría de nosotros arrastramos la carga de una profunda resignación. Nos resignamos a creer que no podemos influir en el mundo, al menos no en una escala que sea relevante.

 

Por tanto, nos centramos en la pequeña escala, donde creemos que podemos ejercer cierta influencia. Estamos resignados a ser absolutamente impotentes ante el gran mundo.

 

Y cuando tenemos un mundo lleno de personas que se sienten impotentes, tenemos un futuro predeterminado. Por eso vivimos en un estado de desesperanza y desamparo, en un estado de gran desesperación. Y dicha desesperación es, en realidad, producto de nuestra forma de pensar, una especie de profecía autorrealizada.

 

Estamos enganchados a la idea de que compromiso y actividad son inseparables, Por eso, nos enrolamos en una corriente de actividad continua, asegurándonos de que todos nos vean hacer muchas cosas para que crean en la firmeza de nuestro compromiso.

 

Si nos mantenemos lo suficientemente ocupados, quizá lleguemos a convencernos a nosotros mismos de que nuestras vidas tienen cierto significado aunque, en el fondo, sabemos que eso es imposible porque la desesperanza lo preside todo, somos impotentes y de ninguna manera podemos afectar el curso de las cosas.

 

Vivimos en un estado contradictorio de compromiso frenético, de pedalear en el vacío, sabiendo que en realidad no vamos a ninguna parte. Pero estamos aterrados ante la perspectiva de que si paramos, nos hundiremos; nuestras vidas no tendrán sentido.

 

Todo lo que nos rodea está en continuo movimiento. No hay nada en la naturaleza que se quede como está. Cuando miro a las hojas del árbol, en realidad estoy viendo un flujo de vida. Dentro de un par de meses esas hojas se habrán caído.

 

En este mismo momento están cambiando y dentro de poco tendrán otro color. Dentro de poco estarán en el suelo. Dentro de poco serán parte de otro árbol. No hay absolutamente nada en la naturaleza que se quede tal cual.

 

Uno de los grandes misterios de nuestro actual estado de conciencia es cómo podemos vivir en un mundo en el que absolutamente nada está fijado y sin embargo percibir un mundo de «fijación».

 

Pero cuando empezamos a ver la realidad más como es, nos damos cuenta de que nada es permanente , ¿cómo podría estar fijado el futuro? ¿Cómo podríamos vivir en otro lugar que en un mundo de continuas posibilidades? Esta toma de conciencia nos permite sentirnos más vivos.

 

Parte del férreo grillete que mantiene la ilusión de fijación reside en el hecho de que nos vemos a nosotros mismos y a los demás como seres fijados. No te veo; sólo veo las imágenes almacenadas, las interpretaciones, los sentimientos, las dudas, las desconfianzas, los gustos y las aversiones que provocas en mí.

 

Cuando empezamos a aceptarnos mutuamente como seres humanos legítimos, ocurre algo verdaderamente sorprendente. Quizás éste sea el verdadero significado del amor, el poder del amor, la capacidad de vernos mutuamente como seres humanos legítimos.

 

Mi vida no puede dejar de tener significado, porque todo se está desplegando continuamente y yo estoy conectado con ese despliegue de formas que no puedo ni imaginar. No requiere un esfuerzo de voluntad ni una habilidad especial y tampoco aprendizaje o conocimientos.

 

Realmente se trata de mi derecho de nacimiento. Es el sentido de estar vivo. No tenemos que ganarnos el sentido de nuestra vida porque es algo que ya está presente.

 

Cuando operamos en el estado mental en el que somos conscientes de ser parte del despliegue, no podemos dejar de estar comprometidos, es imposible. No hay nada que ocurra accidentalmente.

 

Todo lo que ocurre es parte de lo que tiene que ocurrir en este mismo momento. Sólo cometemos los errores que tenemos que cometer para aprender lo que tenemos que aprender ahora mismo. Es un compromiso del ser, no del hacer.

 

Descubrimos que nuestro ser está inherentemente comprometido ya que eso forma parte del proceso de despliegue. La única manera de no estar comprometido es perder esa conciencia, volver a caer en la ilusión de que no estamos participando en la vida.

 

 Este descubrimiento nos lleva a un estado paradójico de rendición integra, por la que nos rendimos al compromiso: pongo en práctica mi compromiso escuchando y de ahí surge mi «hacer». A veces los actos más comprometidos consisten en no hacer nada más que sentarse y esperar hasta saber cuál es mi siguiente paso.

 

Empezamos a ver que pequeños movimientos en el momento y lugar exactos desencadenan todo tipo de consecuencias. En lugar de conseguir las cosas a través del esfuerzo y la fuerza bruta, comenzamos a operar sutilmente.

 

 Empezamos a estar rodeados por un flujo de significado. Comenzamos a darnos cuenta de que ciertas cosas son atraídas repentinamente hacia nosotros de maneras muy sorprendentes.

 

Comienza a operar una estructura de causas subyacentes, un conjunto de fuerzas, como si estuviéramos rodeados por un campo magnético en el que los imanes se alinearan automáticamente.

 

Pero dicho alineamiento no es espontáneo en absoluto, se trata simplemente de que los imanes están respondiendo a un nivel de causalidad más sutil.

 

Cuando comenzamos a operar en este nuevo estado mental, basado en otro tipo de compromiso, algo empieza a actuar a nuestro alrededor. Podemos llamarlo «atracción»: es el atractivo de la gente que está en un estado de rendición.

 

No nos dedicamos a discutir su resultado porque es directamente observable. En gran medida así es como parece operar la sincronicidad dentro del campo del compromiso profundo.

 

Peter Senge

 

 

 

Nada se puede entender de manera aislada, todo se tiene que ver como parte de una totalidad unificada. Hablar de materia no viviente es una abstracción. Las distintas personas no están separadas, están envueltas por la totalidad y todas ellas son una manifestación de la totalidad.

 

 Parecen separadas únicamente gracias a una abstracción. Todo está incluido en todo lo demás. Todos somos uno. Todos estamos conectados. Estamos conectados y operamos en campos vivientes de pensamiento y percepción.

 

No puedes pensar en la existencia como algo local. Tú eres toda la humanidad. Ésa es la idea del orden implicado: que todo está envuelto en todo. Todo el pasado está plegado en cada uno de nosotros de una manera muy sutil. Si buscas en lo más hondo de ti, llegas a la esencia misma de la humanidad.

 

Cuando lo hagas, serás llevado a la profundidad de la conciencia generadora, que es común a toda la humanidad y que tiene a toda la humanidad plegada en sí. La capacidad individual de ser sensible a la conciencia es la clave del cambio humano. 

 

Actualmente, las personas crean barreras entre sí con su pensamiento fragmentado. Cada uno opera separadamente. Cuando dichas barreras se disuelven, entonces surge una única mente, donde todas las personas son una unidad pero cada persona retiene su conciencia individual.

 

La mente una seguirá existiendo aunque esas personas se separen y, cuando se vuelvan a juntar, será como si no se hubiesen separado. En realidad, lo que opera entre la gente que está en interrelación mutua es una única inteligencia.

 

Las señales que se pasan de uno a otro son entendidas por la misma conciencia. Todas esas personas son una. La separación existente entre ellas no constituye un bloqueo.

 

Lo que está fuera de sitio en la mayoría de la gente es que tienen este bloqueo: sienten que nunca podrán marcar la diferencia y por consiguiente nunca afrontan esa posibilidad, es demasiado turbadora, terrorífica.

 

Toda la materia del universo está en constante movimiento. A un nivel que no podemos ver existe una totalidad no fragmentada, un «orden implicado» del que parecen surgir sucesos concretos.

 

 Todos los seres humanos formamos parte de esa totalidad no fragmentada que se despliega constantemente. Una de nuestras responsabilidades en la vida es abrirnos y aprender, haciéndonos más capaces de sentir y de plasmar las nuevas realidades emergentes.

 

 

David Bohm, físico

 

Ama tu oficio, tu estrella, a todo aquello para lo que sirves, en todo aquello en lo que realmente eres único entre los hombres. Esfuérzate en tu tarea como si de cada detalle que piensas, de cada palabra que dices, de

 cada pieza que colocas, de cada golpe de tu martillo, dependiera la salvación de la Humanidad.

 

Joan Maragall

 

 

 

La elección fundamental que permite el verdadero liderazgo en todas las situaciones es la elección de servir a la vida. Mi capacidad de liderazgo procede de mi elección de permitir que la vida se despliegue a través de mí. Es importante ver que el mundo está lleno de posibilidades y pasar de la resignación a saber que tenemos alternativas, pero si queremos participar en el proceso de despliegue del universo, debemos dejar que la vida fluya a través de nosotros en lugar de tratar de controlarla. Había cambiado para siempre mi visión de la interconexión del universo a través de un tejido de vínculos invisibles. Me di cuenta de que pequeños cambios en el lugar exacto pueden producir un impacto en todo el sistema porque dichos cambios participan de la totalidad ininterrumpida que une a todo el sistema. Un acto aparentemente insignificante en una parte de la totalidad crea resultados no locales que emergen muy lejos. Conexiones que no vemos crean efectos a distancia -saltos cuánticos- en lugares muy sorprendentes para nosotros.

 

Joseph Jaworski

 

 

El hogar es ese lugar que no deberíamos tener que ganarnos.

 

Robert Frost

 

 

El liderazgo es un estado de ser, no en el hacer. La más importante decisión que el líder debe asumir es la de servir y sin ella la capacidad de dirigir está profundamente limitada. Esta elección no es una acción en el sentido habitual de la palabra, no es algo que uno haga, sino una expresión del propio ser. La esencia del liderazgo es el deseo de servirnos mutuamente y de servir a algo que está más allá de nosotros, un propósito superior. En un mundo de relaciones en el que la interrelación es el principio organizador del universo, el liderazgo al servicio parece la forma más potente y natural de pensar en la función del líder. El objetivo último del viaje del líder servicial es encontrar los recursos de carácter necesarios para realizar su destino, encontrar la sabiduría y el poder para servir a los demás.

 

Robert Greenleaf

 

 

En «El viaje al Oriente», el narrador emprende un viaje junto a otros hombres en busca de la iluminación. Leo es el sirviente que hace las tareas domésticas del grupo, pero también les sustenta con su presencia, su espíritu y su canción. El viaje dura años y las cosas van bien en medio de todo tipo de fatigas hasta que Leo desaparece y el grupo descubre que no puede seguir adelante sin él. Se desorganizan, se pierden y el narrador está a punto de morir. Después de vagar durante años, el narrador acaba encontrando a Leo y es llevado ante la orden que patrocinó el viaje. Allí descubre que Leo, a quien conoció como sirviente, era en realidad el director de la orden, su espíritu guía, un líder grande y noble. Por la calidad de la vida interna que expresa con su presencia, Leo ha servido para elevar la moral del grupo y posibilitar su viaje.

 

Hermann Hesse

 

 

Existe un flujo común, una respiración común, todas las cosas están en simpatía.

 

Arthur Koestler

 

 

 

Cuando la mayoría de los remeros hablaban de los momentos perfectos que pasaban dentro del bote, no solían referirse tanto a ganar una carrera como a la sensación reinante cuando los ocho remos estaban en el agua a la vez y la sincronización era casi perfecta. En momentos así, la barca parecía volar sobre el agua. Los remeros decían que habían cogido el ritmo.

 

David Halberstam

 

 

Cuando estamos en contacto con nuestra «naturaleza abierta», nuestro vacío, ejercemos una enorme atracción hacia otros seres humanos. Hay un gran magnetismo en el estado de ser y si los demás están en ese mismo espacio o acercándose a él, resuenan con nosotros y las puertas se nos abren inmediatamente. Esa capacidad es parte del orden natural y es una manifestación de algo que no hemos visto antes, no de algo que nosotros no tengamos. Este estado está disponible para todos nosotros y sin embargo es el mayor de todos los tesoros humanos. Este estado, en el que conectamos profundamente con los demás y las puertas se abren, nos está esperando. Es como una ilusión óptica. Lo único que tenemos que hacer es mirar de soslayo y ver que ha estado ahí en todo momento, esperándonos. Todo lo que tenemos que hacer es ver la unidad que somos. Tenemos la oportunidad de permanecer en un «estado de rendición», sabiendo que cualquier cosa que necesitemos estará disponible en el momento de encontrarnos con nuestro destino. En este punto alteramos nuestra relación con el futuro. Cuando estamos en este estado de ser fundamentalmente abierto e interconectado, esperamos expectantes y con una aguda conciencia a que se presente el centímetro cúbico de suerte. Y cuando esto ocurre, debemos actuar con la velocidad del rayo y casi sin razonamiento consciente. En este punto es donde se unen nuestra libertad y nuestro destino; así creamos el futuro que viviremos.

 

Francisco Varela

 

 

He llegado a reconocer la evolución no sólo como un proceso activo que experimentamos continuamente, sino como algo que puedo guiar mediante las elecciones que hago.

 

Jonas Salk

 

 

Mientras los demás cuentan sus imposibilidades, yo cuento mis posibilidades.

 

Kim Woo Choong, fundador de «Daewoo»

 

 

La libertad y el destino están solemnemente prometidos uno al otro y ligados por el significado.

 

Martin Buber

 

 

 

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