COOPERAR CON EL DESTINO

 

 

 

Aquel anciano era renombrado a causa de su sabiduría y de su entusiasmo por la vida.

 

Tenía un peculiar hábito que despertaba la curiosidad de los demás. Cuando cabalgaba en su mula siempre lo hacía montado hacia atrás.

 

A menudo la gente le preguntaba:

 

-¿Por qué lo haces?

 

 A lo que él respondía:

 

-En la vida da igual hacia donde te dirijas. El destino no es importante. Lo único que cuenta es lo que haces a lo largo del camino.

 

-Entonces, ¿cómo hay que reaccionar ante los eventos de la vida? -insistían en saber los demás.

 

Y él respondía:

 

-No hay que hincharse de orgullo ante los triunfos ni sentirse abatido por los fracasos. Tener buena o mala suerte no es importante. Las vicisitudes de la vida no son más que el medio a través del cual se forma el carácter de las personas. Si ante la mala suerte reaccionas de la manera adecuada, a la larga te beneficiarás tanto de ello como si hubieras tenido buena suerte. Tienes que cooperar con el destino si quieres fortalecer tu carácter, y la forma de hacerlo es aprovechando cualquier experiencia que la vida te ofrezca.

 

Erle Stanley Gardner «The Case of the Backward Mule»

 

 

La voluntad de hacer las paces con los apegos para hacer cesar el sufrimiento que origina es la base para hallar la paz interior. La clave para abandonar el apego al deseo es reconocer y sentir las experiencias de apego y aferramiento que albergas en tu interior. Pero no es fácil; si te disgusta el sentimiento de sentirte rechazado, quiere decir que hay apego, ya que deseas librarte de él.

 

Dejar de apegarse no es un ejercicio intelectual para ver lo inteligente que eres. Puedes exponer todas las razones racionales posibles para encontrar una explicación que justifique el apego a los deseos, pero si en realidad no los abandonas, seguirán siendo una fuente de sufrimiento.

 

Al reconocer los crudos sentimientos de apego, te abres a tu conciencia. Tu voluntad de reconocer esos sentimientos trasciende el apego que sientes hacia ellos porque en aquel momento de concienciación esos conceptos desaparecen. Ni tan sólo hay un «yo» que los experimente, sólo aceptación.

 

Cuando tu mente se libera del apego al deseo, asume un estado natural de equilibrio y una espaciosa sensación de sustento. El profundo alimento surgido del desapego constituye un perdurable alimento para tu mente y tu corazón.

 

Esto crea el espacio para nuevas posibilidades y elecciones que de otro modo no serían posibles. Aunque sigas albergando un fuerte deseo, ya no te apegas a él, tienes la libertad de elegir cómo responder.

 

Abandonar un apego al odio no es distinto de abandonar un apego al amor. Dejar de aferrarte a cualquier cosa posibilita que se expanda y respire en tu interior es espacioso sentimiento de paz.

 

Dejar de apegarse no significa que cualquiera de esos deseos desaparezca sino que ya no siguen controlándote. Tu respuesta hacia ellos cambia de sentirlos como una necesidad a descubrir que sólo son opciones.

 

Ya no eres esclavo de tus deseos o de una autoridad interior que te está diciendo constantemente que busques la felicidad donde no puedes hallarla. Y ante todo, dejas de estar condicionado por patrones de conducta que no resultan positivos.

 

 

Si alguien dispara una flecha a tu corazón, de nada sirve gritar a esa persona. Es mejor fijarte en la herida e intentar extraer la flecha. Esa atención hacia la herida es esencial para poder desprenderte del apego y además es la fuente de la curación.

 

Lo que tú hagas por ti mismo en el proceso de dejar de apegarte –cualquier gesto de bondad, de honestidad y de ver con claridad- afectará a tu manera de experimentar el mundo. Lo que haces por ti, lo haces también por los demás, y lo que haces por los demás, lo haces por ti.

 

Cuando estás dispuesto a reconocer tu guión, experimentas sentimientos que todos hemos tenido. De ese modo, cuando practicas dejar de apegarte a ese guión, te cambias a ti mismo y la conexión que mantienes con el mundo en el que vives.

 

 

La conciencia es la capacidad natural de observar y reflexionar. Significa estar atento con un espíritu de afecto y aceptación a lo que está ocurriendo en cada momento. La conciencia, como práctica sobre la atención, es el remedio que cura la enfermedad del deseo.

 

En lugar de sentirte débil y vacío, la conciencia aporta un sentimiento de abundancia. Cuando no te apegas a las cosas, dejas que la presencia de la conciencia respire y llene aquel vacío que nunca se siente satisfecho.

 

 

Cuando eres consciente te das cuentas de la omnipresencia del cambio. Todas las cosas comparten el mismo destino. Cambiarán en un momento u otro. El cambio forma parte tanto de las experiencias placenteras como de las dolorosas. Las sensaciones agradables llegan y se van, igual que las desagradables.

 

El hecho de ser consciente se conoce como la medicina que cura la enfermedad del deseo. Cuando estás atento a la verdad de cada momento, esta centrada atención te hace disminuir tu ritmo lo suficiente para que puedas examinar tus hábitos.

 

Esta atención te ayuda a liberarte del compulsivo hábito de perseguir un deseo tras otro que sólo te conduce a experimentar grados cada vez más intensos de apego. Te ofrece la oportunidad de plantearte qué es lo que deseas hacer a continuación, sabiendo que tu decisión puede crear en ti tanto dicha como sufrimiento.

 

Decidir de forma consciente satisfacer un deseo te ofrece una serie de elecciones que no tendrías cuando actúas irreflexivamente operando con el piloto automático.

 

Cuando eres consciente centras tu atención en las cosas que das por sentado. Son la clase de momentos que a menudo nos pasan desapercibidos. Nuestra vida está integrada por ellos, son los que nos ofrecen la conciencia que surge de estar atentos al presente sin aferrarnos a él.

 

Ser consciente te sirve para enamorarte de lo ordinario. Cuando eres consciente de ello, descubres que cada vez que haces algo, incluso aunque ya lo hayas hecho un millón de veces, aquel momento es totalmente único. Nunca sucede dos veces.

 

Puedes llenarte de cada momento al adquirir una plena conciencia de su presencia. El momento presente es una constante fuente de plenitud, pero para poder recibirla debes ser consciente de él.

 

Ronna Kabatznick

 

Permanece alerta, has de tomar cada momento como si fuera el último. ¡Y hay muchas posibilidades de que lo sea! Por lo tanto, úsalo totalmente. Sácale todo su jugo, en esa misma totalidad estarás alerta.

 

Osho

 

 

El nacimiento es sufrimiento; la decrepitud es sufrimiento; la muerte es sufrimiento; el pesar, la lamentación, el dolor, la pena y la desesperación son sufrimiento; no conseguir lo que uno desea es sufrimiento.

 

¿Cuál es el Origen del Sufrimiento? Es el apego lo que causa este renacimiento, el cual, unido al placer y al vehemente deseo, persigue cualquier deleite ahora aquí, luego allí. Pero ese intenso apego, donde quiera que en el mundo haya cosas deliciosas y placenteras, surge y se arraiga este apego.

 

El fin del sufrimiento es la total desaparición y extinción del apego, es renunciar a él, abandonarlo, liberarse y desprenderse de él. Es la extinción de querer más, la extinción de querer menos y la extinción de no ver las cosas con claridad. Todo esto es la libertad.

 

Debes conocer el mundo. Es deslumbrante como el carruaje real de un monarca. Los necios se quedan embelesados, pero el sabio no se deja engañar.

 

 

Buda

 

 

 

La capacidad de elección parece existir a todo nivel, y a cada momento en que aparece la posibilidad de atención, la posibilidad de elegir también aparece.

 

Christopher Fremantle

 

 

La atención automática proporciona seguridad al hombre, pero la atención consciente o más precisamente una actitud de estar al tanto de todo, una atención que abarca simultáneamente tanto el mundo exterior como el interior del hombre, es la clave de la evolución. Su función doble consiste en la sobrevivencia exterior y la creación interior.

 

George Gurdjieff

 

 

 

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