AZÚCAR QUE NUNCA SE ACABA

 

 

 

 

 

 

 

Esta negrita sí demostró durante toda su vida física que sí tenía mucho tumbao. La reina de la salsa, Celia Cruz, nos deja una gran enseñanza así como su «azúcar» que nunca se acaba.

 

Nació el 21 de Octubre de 1925 en La Habana, Cuba, uno de los países más ricos en ritmo musical, Celia nace para cantar en esta tierra y comienza a cantar con una Sonora con la cual emprende el viaje de su vida, el cual no tendrá regreso, en los tiempos en que comenzaba el gobierno de Fidel Castro.

 

Celia, con su mensaje de felicidad y alegría que transmite en todas sus canciones y su célebre «azúcaaaa», al lado de su inseparable esposo Pedro Knight, o como ella le decía «mi cabecita de algodón» -tomen nota las parejas de esta unión inseparable-, juntos le dieron la vuelta al mundo.

 

 

 

 

«No hay que llorar que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando». Celia nos enseña que la alegría es el mejor remedio que la vida nos pudo dar. Celia sufría de ciertas enfermedades entre ellas estaba un cáncer y debido al mismo, a través de una fundación, ella se motivó a ayudar a la gente que sufría de esto para que no sufrieran lo que sufrió ella.

 

Ayudó a esta fundación con tele-maratones y a que la misma obtuviera muchas donaciones, la cual el día de hoy se llama «Fundación Celia Cruz» y en la que ayudan a niños enfermos de cáncer.

 

 

La guarachera del mundo muere en el año dos mil tres a causa de un tumor cerebral que ya le venía causando problemas. Ahora todo el mundo la extraña, tiene más fans y los seguirá teniendo; las personas que no la escuchaban, ahora lo hacen a diario. Celia, siempre eterna al igual que su música.

 

El dicho de «a mal tiempo buena cara», yo diría que a mal tiempo, la música de Celia Cruz. Azúcaaaaaaaaaaaa.

 

Celia Cruz falleció el 16 Julio de 2003.

 

David Benzadon

 

 

 

 

 

Todo aquél que piense

que la vida es desigual

tiene que saber que no es así

que la vida es una hermosura

hay que vivirla

 

Todo aquél que piense

que está solo y que está mal

tiene que saber que no es así

que en la vida no hay nadie solo

y siempre hay alguien

 

Ay, no hay que llorar,

que la vida es un carnaval

es más bello vivir cantando

no hay que llorar

que la vida es un carnaval

y las penas se van cantando

 

Todo aquél que piense

que la vida siempre es cruel

tiene que saber que no es así

que tan solo hay momentos malos

Y todo pasa

 

Todo aquél que piense

que esto nunca va a cambiar

tiene que saber que no es así

que al mal tiempo buena cara

y todo cambia

 

Para aquellos que se quejan

Para aquellos que sólo critican

Para aquellos que usan las armas

Para aquellos que nos contaminan

Para aquellos que hacen la guerra

Para aquellos que viven pecando

Para aquellos que nos maltratan

Para aquellos que nos contagian

 

 

Victor Daniel, canción «La vida es un carnaval»

 

 

 

Mi vida es cantar y no pienso en retirarme. Pienso morir en un escenario.

 

Puedo tener un dolor de cabeza pero cuando es el momento de cantar y camino en el escenario, no existe más dolor.

 

Me encanta lo que hago y siempre me ha encantado. Quizá por eso soy tan feliz y quiero contagiar a todos con mi risa y felicidad.

 

Cuando alguien me pregunta cómo quiero que me recuerden, siempre digo lo mismo: quiero que piensen en mí como alguien alegre.

 

Dios no me dio hijos para darme esta voz.

 

A principios de los años 60 y ya alejada de mi natal Cuba, compartía una cena con amigos en un restaurante de Miami cuando el camarero, que llegaba con el café, preguntó:

-¿Con azúcar?.

Sorprendida, respondí:

-¿Cómo que con azúcar, si es café cubano amargo? ¡Por supuesto que con azúuuuucar!.

Me presenté esa noche en un club de la ciudad y conté la anécdota, y lo hice mil veces más hasta que un día me cansé y empecé a resumir el cuento con un escueto, pero no menos sonoro:

-¡Azúcaaaa!.

 

La vida ha sido muy buena conmigo, me ha dado todo, menos un hijo, pero no puedo ser injusta y reprochárselo. 

   

 No tengo miedo a morirme, sino a que la gente se olvide de mi música.

   

 Mi vida ha tenido más cosas buenas que malas, por eso le doy gracias a Dios y cuando me vaya, me iré agradecida. 

   

 La música es una medicina para mí, yo creo que el día que no pueda cantar, me muero.

 

Celia Cruz

 

 

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