APRECIAR ESA GRANDEZA EN TI MISMO


 

 

 

 

Toda la vida es Una; todo lo que vemos existe en nosotros. La experiencia de la separación es un sueño. Tu prójimo eres tú y, cuando le haces algo a otros, te lo estás haciendo a ti mismo. No hay nadie allí afuera. Todo lo que vemos es un reflejo, imágenes de nuestro propio Ser.

 

Cuando luchamos, luchamos contra nuestro Ser. Cuando amamos, sólo estamos dándole amor a nuestro Ser. Existe un único Ser en todo el universo: nosotros.

 

Detened vuestra incesante identificación con formas creadas por vuestra propia mente. Volved a la verdadera morada de vuestro Ser. Todo lo que ves fuera de ti es un sueño. En Verdad, la separación no existe, salvo la creada por tu reticencia a aceptar la totalidad de tu ser. Las sombras sólo existen cuando le das la espalda a la Luz.

 

Destruye con coraje todo lo que ha sido hecho fuera de ti. Renuncia a tus forcejeos contra lo que no deseas admitir. No te postres ante ningún hombre, sólo ante Dios, que ahora vive dentro de ti,.

 

Ama la divinidad que habita dentro de todo y te librarás de la esclavitud de las distinciones artificiales. Contempla la Perfección detrás de la imperfección y con ella verás el ser verdadero en ti y en tus hermanos.

 

Aquellos que enseñan la Verdad están capacitados para hacerlo, porque ven la Verdad. Aquellos que enseñan separación, ven escisiones donde no existen.

 

Esfuérzate por mantener tu Ser. No descanses en tu intento de descubrir lo que te pertenece y en mejorar tu verdadero Ser de lo que te han dicho que eres.

 

Te decimos con certidumbre: nunca se te podrá arrebatar aquello que es tuyo, y lo que nunca lo fue, jamás te pertenecerá.

 

Conoce esta distinción, la única y verdadera distinción, y libérate de la tiranía de las imágenes.

 

Alan Cohen

 

 

Cada acontecimiento y cada persona que ingresa en tu vida lo hace por una razón. Recuerda que no hay coincidencias. El mundo es un radar gigantesco, detecta nuestras necesidades de crecimiento y luego nos envía las personas y acontecimientos necesarios para la promoción de nuestro crecimiento. La gente en nuestra vida es un espejo que refleja las partes brillantes y las oscuras de nosotros mismos.

 

No podrías apreciar las grandes cualidades de otra persona si no tuvieras esas cualidades en ti mismo. No serías capaz de reconocer algo bueno en alguien si no tuvieras idea de qué es. Si no has reconocido y poseído un rasgo positivo o un talento en ti mismo, es imposible que lo veas en otro.

 

Si no sabes lo que es amar verdaderamente a otro, no hay manera de que adviertas si alguien te está amando. Si careces de un don personal, no podrás apreciarlo en nadie. Apreciar algo grande en otra persona es apreciar esa grandeza en ti mismo.

 

Este principio también vale para las cualidades negativas que no soportas en los demás. Si crees que una persona está furiosa, antes tienes que saber qué aspecto tiene la furia. Si piensas que alguien ha montado en cólera tienes que sentir la cólera en ti mismo. Si percibes que alguien es egoísta tienes que poseer algún egoísmo en ti mismo.

 

Si llamas manipulador a alguien, debe haber también un aspecto manipulador en ti. De otro modo no habría manera de que pudieras reconocer esas cualidades. Toda la vida es una proyección. Como un enorme proyector de cine, proyectamos en el mundo exterior lo que somos en nuestro mundo interior. Cosechamos lo que proyectamos.

 

Si la acción de alguien me enoja, me pregunto si yo hago eso. Si soy sincero, en la mayoría de los casos la respuesta es afirmativa. Casi siempre que reaccionamos ante los demás es porque hacen algo que no aceptamos en nosotros.

 

Si haces una lista de los aspectos positivos y negativos de una persona que no te gustan, lo más probable es que descubras muchas semejanzas con tu persona.

 

Esta afirmación puede que te lleve a preguntar que dado que la gente tiene faltas, se supone que debo cerrar los ojos ante los defectos de los demás. No, eso sería ridículo. Creer que todo y todos son buenos sería utilizar de forma irresponsable e indebida el don Divino de la discriminación. La Tierra es una escuela para aprender qué hacer y qué no hacer.

 

La clave para discernir qué es nuestro y qué es de otros, está en comprender la diferencia entre la observación y la reacción. Puedo observar que una habitación está desordenada, que una palabra está mal escrita o que una persona tiene la mala costumbre de interrumpir a otros mientras hablan.

 

Si puedo verlo claramente sin ninguna carga emocional, estoy ejerciendo la necesaria facultad de discriminación, y dicha observación me beneficia tanto a mí como a la persona que ejecuta la acción.

 

Si, por otra parte, me irrita ver a alguien haciendo algo que me desagrada y pierdo los nervios, entonces estoy reaccionando, y lo más probable es que eso sea un indicio de que actúo de la misma manera pero me niego a aceptarlo.

 

Proyectamos en otros lo que no deseamos ver en nosotros mismos. Debemos abordar esa falta de aceptación de nuestro carácter y traerla a la superficie, ya que nuestro propósito en la vida es hacer consciente lo inconsciente, y crecer para amarlo todo.

 

Si a través del ego nos cegamos para no ver esos aspectos nuestros que nos desagradan, los proyectaremos sobre los demás y nos identificaremos con los atributos opuestos, que creemos buenos y, además, capaces de aceptar. Pero la clave consiste en destruir las ideas de separación exponiéndolas a la luz.

 

Tan pronto como nos segregamos de los demás y decimos que yo soy bueno y tú malo, que yo soy ordenado y tú desordenado, hemos creado la mentira de la separación, porque todos somos uno.

 

El modo de desprendernos de la «sombra» es poseerla o aceptar como nuestros esos aspectos que nos desagradan y no aceptamos en los demás. Una vez que comprendamos que no reaccionamos ante el otro, sino ante nosotros mismos, el conflicto se elimina inmediatamente de la relación, pues eximimos a la otra persona de la necesidad de encajar en nuestro molde.

 

Lo único que tenemos que hacer ahora es cambiar nosotros, algo más sencillo que intentar reformar a los demás o al mundo. De hecho, no transformaremos el mundo a menos que antes cambiemos nosotros.

 

La «sombra» puede originar separación hasta en la esfera de lo «bueno». Si tienes la tendencia a idolatrar y adorar a un gurú o maestro, tal vez hayas creado una especie de «sombra blanca» que debes integrar. En este caso, renuncias a aceptar que dentro de ti existe una buena cualidad, por ejemplo, sabiduría, amor o bondad.

 

Al proyectarla sobre tu maestro y creer que él o ella la tienen pero tú no, creas otra separación y niegas la sabiduría, amor y bondad que moran en tu interior. Cualquier maestro de la Verdad le recordará a sus estudiantes que todo lo que buscan en él ya existe dentro de ellos

 

Ten valor y la madurez para efectuar el trabajo interior requerido para liberar tu rabia preexistente y desplazarla a un espacio de amor. Esa es la meta que todos necesitamos fijarnos: ser nada más que puro amor. Porque una persona que no es más que amor encarnado sólo puede ver puro amor cuando mira a otra persona.

 

Para muchos el peso de la ira y el temor al amor completo y a la aceptación puede ocupar toda una vida de trabajo interior. De esto se trata el viaje de la vida: de localizar nuestras áreas débiles y curarlas para que finalmente podamos hallar nuestra mejor persona. Es el único camino a seguir si tu objetivo es la paz y la libertad perdurables.

 

Los cambios personales hacen emerger nuestros más antiguos y profundos demonios. A medida que avanzamos hacia la luz, nuestros aspectos oscuros salen a la superficie y una parte de nosotros lucha por no crecer, aferrándose a viejos modelos de pensar, sentir y actuar. Conforme estamos más cerca del amor, nuestros mayores temores irrumpen con fuerza.

 

Recopilado por Elias Benzadon

 

 

Cuando el hombre conoce lo bello conoce también lo no bello. Cuando el hombre conoce lo bueno, conoce también lo no bueno. Porque lo pesado y lo ligero, lo largo y lo corto, lo alto y lo bajo, el silencio y el sonido, el antes y el después, el ser y el no ser, se engendran uno a otro.

 

Lao-Tsé

 

 

Con la mayor facilidad podemos perdonar a un niño que teme la oscuridad. Que un adulto tema la luz es la verdadera tragedia de la vida.

 

Platón

 

 

El egoísmo no consiste en vivir como uno cree que ha de vivir, sino en exigir a los demás que vivan como uno.

 

Oscar Wilde

 

 

Todo lo que nos molesta en los demás puede conducir a la comprensión de nosotros mismos.

 

Carl Jung

 

 

Tras todas las cosas hay algo más vasto; todo es sólo sendero, portal o ventana que se abre a algo distinto de sí mismo. Ningún acontecimiento individual puede despertar en nosotros a un extraño totalmente desconocido para nosotros. Vivir es nacer lentamente.

 

Antoine de Saint-Exupéry

 

 

Las armas no te servirán de nada en la cueva, Luke. Sólo encontrarás lo que llevas contigo.

 

Maestro Yoda «Star Wars»

 

 

Comprende el malestar de las personas que te rodean. Cuando alguien te grita, te ofende, te critica o te hace daño no lo hace porque te quiere mal sino porque está herido, está herido del alma, se siente mal o algo malo está pasando por su vida. No te defiendas ni lo critiques, mas bien compréndelo, acéptalo y ayúdalo.

 

Padre Ricardo Búlmez

 

 

Mis imperfecciones y fracasos son una bendición de Dios, igual que mis éxitos y mis talentos y pongo ambos a sus pies.

 

Mahatma Gandhi

 

 

Los demás son simplemente espejos de ti. No puedes amar u odiar algo de otra persona, a menos que refleje algo que tú amas u odias de ti mismo.

 

Chérie Carter-Scott

 

 

Si los hombres escupen el suelo, se escupen a sí mismos.

 

Jefe Seattle

 

 

Creo ver la lluvia caer en mi ventana

Te veo pero no está lloviendo

No es más que un reflejo de mi pensamiento.

 

Alex Ubago

 

 

Nada ha cambiado, sólo yo he cambiado; por lo tanto, todo ha cambiado.

 

Marcel Proust

 

 

En algunos momentos, siempre imprevistos, me siento feliz. Miro a los extraños que tengo cerca como si los hubiera conocido toda la vida, todo me llena de afecto. Puede transcurrir una hora hasta que ese humor pasa, pero últimamente tengo la impresión de comprender que siento así en el instante en que dejo de odiar.

 

William Butler Yeats

 

 

 

 

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